Heidy tenía un sueño con olor a algodón de azúcar, nubes azucaradas, vainilla, canela y azúcar. Un sueño lleno de pasteles de chocolate, vainilla y fresa, galletas de mantequilla y avena, y postres suculentos.
Todo comenzó hace 10 años, rescatando las recetas de abuelas y bisabuelas. Una amiga le pidió: "Me voy a casar y quiero que me hagas mini postrecitos y pongas tus fuentes de chocolate". Así nacieron más de 500 postres entre cheesecakes, muffins, galletas y flanes, acompañados de fuentes de chocolate con fresas y bombones.
La casa se llenó de aromas: chocolate, vainilla, canela, mantequilla y pan recién horneado. Fue en ese momento, envuelta en esos olores, cuando surgió el nombre: Heidy y su Fábrica de Postres.
A diferencia de otras fábricas con máquinas ruidosas, esta funciona al ritmo de suave música y risas. Para Heidy, un postre no es solo harina y azúcar, es una oportunidad para entregar un pedacito de felicidad. Cada mañana, antes de encender el horno, recorre la cocina susurrando palabras de amor y aliento a sus mezclas con paciencia infinita.
"Si el corazón está contento el bizcocho sube al cielo.
Si el corazón está triste el chocolate se vuelve amargo."
En todas nuestras etiquetas dice: Hecho con Amor. Buscamos ser la fábrica más querida, depositando en cada pizca de sabor un deseo que haga recordar a nuestros comensales su niñez y los postres que sus abuelas les preparaban con tanto cariño.

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